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  • Lisa Durst

4 Patatas en Cushma

Hace seis semanas, mientras íbamos bajando del Autobús de Lima en Villa Rica, no nos podíamos imaginar lo que nos esperaba. Habíamos escuchado las descripciones de otros voluntarios antecesores a nosotros, así como la conversación por Skype con nuestra jefa Eli (quién nos explicó como se verían y funcionarían las cosas) pero al llegar, sentimos como si hubiera pasado un año entero o un día desde nuestra llegada.

El equipo Aticuy nos recibió como si fuéramos una familia pequeña. Rápidamente el trabajo se convirtió en nuestra rutina diaria.


Al ser cuatro voluntarios, fuimos repartidos en diferentes programas. Alisa trabajaba para Anna en el programa para niños y jóvenes. Yuki trabajaba con Mundi en el segundo programa llamado CCNN apoyando el proceso administrativo (el CCNN es un programa que coopera con la comunidad Yanesha). Yvonne viene del proyecto número tres llamado Cobio. Este proyecto se lleva a cabo en Concesión, en un área de 18.0000 ha de selva virgen junto a algunos de los pueblos de los alrededores. El último programa es el GEA, en el que trabajo yo.

El punto esencial de esta organización recae en la educación ambiental de los jóvenes en Villa Rica y de las comunidades. Fuera de ese trabajo, también organizamos diferentes proyectos mucho más grandes, por ejemplo: las marchas de Fridays-for-future en Villa Rica, en las que casi 80 personas, tanto estudiantes como representantes estatales, han participado.

Atiycuy Perú trabaja junto con cinco comunidades diferentes de los pueblos Yanesha. Al viajar por las distintas comunidades, nos encontramos en repetidas ocasiones con personas que constantemente nos impresionaban y nos recibían con mucho amor y generosidad. Ellos están orgullosos de sus raíces y totalmente abnegados a su pueblo. Esa abnegación es de lo más inspiradora.

Hace una semana, cuando nos encontrábamos a mitad de la selva, comenzó a llover repentinamente a cántaros y no podíamos regresar al carro por la lluvía. Pero luego, una madre Yanesha, que había hecho una cena para sus dos hijitos, nos invitó a su hogar a comer. Vivían en una casa de una sola sala y luego de almorzar, nos ayudó a secarnos para finalmente retomar nuestro camino a casa con el estómago lleno.

Es muy frecuente experimentar este tipo de momentos especiales y extraordinarios, ya que a los Yanesha les gusta mostrar el orgullo por sus costumbres, ya sea por medio de la creación de artesanías (las cuales venden en el mercado semanal de Villa Rica) o a través de los ninos con sus bailes tradicionales. Las mujeres también muestran como preparar el arte de Cushuma; el muralismo profesional. Esto nos hace ver que los Yanesha poseen un Tesoro cultural inigualable. El trabajo con ellos es variado y distinto a cualquier otro programa.

Mientras Alisa y los ninos tratan el tema de la identidad Yanesha, su valor cultural e idiosincracia, el programa de los Yukis busca ayudar a personas del campo e indigenas a reinforzar sus derechos, así como en la interconexión entre su propia comunidad. La función principal de GEA, el programa en el que yo participo, se concentra por un lado en la sustentabilidad de la flora y fauna, mientras que por otro lado, está concentrada en el Eco-turismo. Todos estos porgramas juntos reflejan el enfoque integral de Atiycuy Perú.


Mientras muchas de las comunidades con las que trabajamos en cooperación no estan necesariamente relacionadas con los Yanesha, se puede observar fácilmente el contraste entre ambos.

El sábado de la semana pasada fuimos con nuestro mentor y su familia a visitar una comunidad Ashaninka. Tuvimos un shock cultural muy duro al volver al distrito turista. Los vendedores vestidos con ropajes tradicionales usados de forma inusual hacían pensar que eran strippers. Strippers que vendían artesanías supuestamente hechas por las mismas personas de las comunidades. Nos hemos sentido como si traicionaramos a nuestros amigos Yanesha con esa visita. El mercado de artesanías de la comunidad Anishka está construida desde sus fundamentos para que los turistas pasen por tantos puestos como les sea posible. Al final del recorrido los juntan con otro grupo de turistas para mirar el programa. Teníamos el presentimiento de que los Ashainka no se identifican con su cultura en lo absoluto. No solo nos asustaban los strippers, sino tambíen el hecho de que a cada turista se le asignara un niño que era encargado de llevarlo al puesto indicado del mercado. Todo era muy extrano. Estos mísmos niños evitaban las preguntas personales, se apartaban de las preguntas respecto a su trabajo y bienestar cambiando de tema rápidamente. Nos hubiera gustado que fueran más honestos al menos una vez. Al final nos sentimos tranquilos de subirnos al carro de Lercio e irnos a casa. Aún así, nos queda un sabor amargo en la boca: Por un lado está claro que en este lugar la cultura se vende como plátanos, tomando en cuenta el contraste con los Yanesha. Sin embargo, durante el tour estábamos junto a escolares, quienes nos imaginamos que solo tienen ese concepto de las comunidades indigenas. A pesar que encontrábamos este concepto como el origen de muchas incertidumbres, se tiene que decir que los Ashaninka ganan dinero por medio de estos mercados, son autosuficientes y no dependen de el trabajo en el campo. La economía de las comunidades Yanesha se basa en la agricultura local. Entre otras cosas plantan yuca, cacao, también venden huevos y no dependen del turismo. Junto a los habitantes de las comunidades trabajamos para que puedan lograr integrar nuevas ramas de produción a su economía. El turismo ecológico y las artesanias deben de jugar un papel muy importante. Nosotros podemos ver como se va a desarrollar todo con éxito!

- Saludos a Alemania de Alisa, Yvonne, Yuki, Lisa

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