• Johanna Neubauer

Acampar en la playa en Dominical

Experiencias de voluntarias en Costa Rica en su tiempo de vacaciónes:


"Los viajeros que quieran ahorrar dinero también pueden acampar en la playa".... Leímos esta cita en una de las guías de viaje de Julina y sólo cuatro días después habíamos comprado una tienda de campaña y nos dirigimos al sur, a Dominical. Una pequeña ciudad en la costa del Pacífico de Costa Rica, popular sobre todo entre mochileros, surfistas y hippies. Nada más llegar exploramos un poco el lugar y vimos la puesta de sol en el océano. Después, vimos una hoguera en la playa y nos enteramos de que estaba organizada por una comunidad hippie mayoritariamente alemana y norteamericana con sede en Dominical. Vimos a la gente bailar y divertirse durante un rato antes de ir a un pequeño soda, un restaurante local de Costa Rica. Después de cenar, era hora de encontrar un buen lugar en la playa y prepararnos para nuestra primera noche en nuestra tienda de campaña.



A la mañana siguiente tuvimos que levantarnos temprano para coger el primer autobús a las Cataratas de Nauyaca. Después de un corto viaje en autobús, caminamos por un hermoso sendero que atravesaba las montañas y la selva. Tuvimos suerte y pudimos ver monos, agutíes y muchas mariposas. Pero lo más bonito fueron las dos cascadas a las que llegamos tras una hora y media de caminata. Nos tomamos un pequeño descanso y nos tiramos al agua fría pero refrescante antes de volver a Dominical.



Tan pronto como volvimos, empezó a llover y no paraba. Fuimos a cuatro cafés y restaurantes diferentes para refugiarnos de la lluvia e incluso empezamos a buscar habitaciones en albergues, por si acaso dormir en nuestra tienda hubiera sido imposible. Pero tuvimos suerte una vez más, dejó de llover y aunque había riesgo de mojarse durante la noche, dormimos en nuestra tienda. Por suerte no volvió a llover, sino que pasamos mucho frío.

Pero toda la lluvia y el frío se olvidaron cuando nos despertamos en nuestra tienda con la vista del mar brillando bajo el sol. Después de un acogedor desayuno en un bonito café con vistas a un río, exploramos un poco más la playa. Encontramos algunos rincones maravillosos, pero también sufrimos la primera quemadura de sol del año. Sólo unas horas más tarde, nuestra pequeña aventura en Dominical terminó y tuvimos que volver a Bandera.

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